Todas las personas tenemos la capacidad de comunicarnos con los animales. Lo único que necesitamos es recordar cómo hacerlo. Empieza por algo sencillo: siéntate cerca de tu compañero, respira despacio y observa sin expectativas.
¿Qué sientes en tu cuerpo? ¿Qué imágenes o palabras llegan? No lo juzgues. Anótalo. Con la práctica, esa escucha se vuelve cada vez más clara.


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